sábado, diciembre 17, 2011

La caja de las pesadillas

Vivimos en un mundo globalizado en el que, en ocasiones, sale a la luz un concepto patriótico conocido como el sueño, y muchas veces junto a la palabra americano.

Para quién no lo pille con el sueño me refiero a la aspiración máxima de la vida de un ciudadano de un país o estado. Así el sueño americano es un concepto que encierra algo poético, pues se trata de que luchando por tu empresa, tus ideas, tu vida,... puedes llegar a conseguir tener un gran espacio en la sociedad. Ganar dinero por medio del esfuerzo realizado y equivocándose lo menos posible para llegar a ser el mejor, ése es el sueño americano y lo podemos ver en cualquier película.

¿De dónde viene la idea del sueño americano? De que se cuenta que América era, en un pasado lejano, algo así como la tierra prometida. Una persona que llegase a América podía comenzar con un trabajo de vendedor de periódicos y terminar siendo un pez gordo de un periódico importante.

En esta semana de vuelta a casa, tras nueve horas trabajando, me pregunté qué sentido tendría esa idea del sueño en España. Tras un rato reflexionando, entre el frío, la música del mp3 y la noche cayendo, concluí que el sueño español es subir a un alto cargo público, robar todo lo que se pueda hasta forrarse, de tal manera que si te pillan puedas pagarte la condena con tan sólo una mínima parte de lo que has robado.

Es triste pero ésta es la cultura española. Las facturas las queremos sin IVA (y más ahora con la crisis), todo el cargo alto que roba sale indemne, la banca siempre gana, los famosos que más escándalos tienen son los que más dinero ganan, cadenas de televisión dan dinero a familiares de delincuentes para entrevistarles,... y si alguien protesta seguro que se queja demasiado o está haciendo demagogia o politizando con el asunto. Ésta es la cultura española que estamos fomentando, la cultura pro Belén Esteban, pro incultura, pro individualista, de “izquierdas”/“derechas” y, sobre todo, pro pasota.

Vivimos en un mundo lleno de protecciones. No fumes que te puedes morir, como bebas antes de conducir ya verás la que se va a liar, cuidado que estás pasando al lado de una obra, separa la basura que si no eres un desconsiderado, mejor pagar con tarjeta que llevar todo en metálico es un peligro, esta cámara de vigilancia está para su protección, ten cuidado con jugar por internet que puedes quedarte sin dinero,... Puede que nuestras normas sean útiles, pero no hay nada como sentarte al lado de la salida de emergencia de un avión para tener el extraño instinto de desear abrirla.

Sin embargo la concienciación funciona, la gente tras ver un anuncio de una marca de refrescos, tiene el impulso de comprar el refresco. Nada como que un famoso escriba en su perfil de Twitter desde su iPhone o su BlackBerry, para que la gente sienta el impulso de tener uno de estos aparatos tecnológicos.

Vivimos en un letargo en el que lo único que nos importa es que nos cuiden y nos protejan del miedo de unos mercados sin rostro, que es de lo que, hasta el momento, no pueden protegernos.

Con extraños sueño como éste entran ganas de abrir la caja de las pesadillas.

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